Evolución de Airbnb

| Coste de las transacciones bancarias | Metro y autobuses merman su tráfico en Nueva York | Inteligencia artificial en un cuarto de empresas | Titulitis en España | Ingeniero de Blockchain, empleo de

Fernando Gallardo |

Cuando era joven, lo cool era renunciar a Europa y recorrer África de norte a sur con la decidida intención de perderse en su caos tribal y experimentar una supuesta simbiosis cultural con la población local, a la que se caracterizaba como el factor autóctono, la sabiduría popular, el color exigido a todo viaje. Dicha comunidad me recibía con los brazos abiertos, el semblante sonriente y… una mano estirada: “money, money”, “un dirham”, “un CFA, monsieur le touriste”. 

Algo de esta gesticulación vaticinaba la importancia de la conexión del viajero con los lugares que visita. “Amigo, ¿un guía para visitar la medina?”, “c’est seulement pour le plaisir des yeux”. Es precisamente esta danza de la cobra lo que forja y consolida el espíritu Airbnb por sobre la mera funcionalidad de su plataforma tecnológica. Ello, pese a los múltiples problemas regulatorios que atenazan a la marca desde que irrumpió como el emprendimiento más disruptivo de la historia del turismo y los viajes. 

Airbnb debe afrontar ahora otro reto no menos acerado que el de su modelo de negocio: su identidad de marca. ¿Es realmente una plataforma P2P, es decir, una organización que conecta a personas con personas, anfitriones con viajeros? En esencia sí, pero no siempre de una manera tan personalizada como se presume. Algunos directivos de la firma admiten que el mensaje que hoy cala entre los usuarios no ofrece aquellas connotaciones tan románticas de sus inicios. El Times de Londres publicó hace un año un análisis de la evolución de esta tecnológica con el llamativo título de "Investigación: cómo Airbnb ha sido secuestrado por agencias que obtienen grandes beneficios". O cómo se vuelve más dificultoso cada día para los usuarios el reservar con un anfitrión que solamente posea una propiedad. El anfitrionazgo es ejercido de manera creciente por corporaciones profesionales, y hasta cierto punto impersonales, totalmente desconectadas del vecindario. Esta realidad ‘hoteliza’ las viviendas turísticas y restan buenismo a una particularidad económica definida hasta ahora como economía colaborativa. 

El Times analizó los datos de Inside Airbnb y concluyó que el 20 por ciento de los anfitriones en el Reino Unido tienen más de 10 anuncios publicados en Airbnb, y al menos el 50% gestiona más de una vivienda.

Airbnb ha crecido hasta convertirse en una plataforma con más de seis millones de anuncios en 191 países y 100.000 ciudades. Este ecosistema tecnológico evoluciona hasta convertirse en un catálogo de servicios que incluye la gestión de la propiedad, la limpieza y el intercambio de llaves capaz de sustituir a los anfitriones cuando éstos viven fuera de la ciudad o, simplemente, prefieren desentenderse de la operación directa del alquiler turístico.

La plataforma ha incluido ya en su sistema de reservas habitaciones personalizadas de hoteles, hostales, casas de huéspedes y B&B, que antes formaban parte del orbe exclusivo de la industria hotelera. De hecho, el porcentaje de este tipo de productos se incrementó en un 150% durante 2018. La adquisición de HotelTonight refuerza esta tendencia, obviamente. Así como la más reciente de Urbandoor, una red de apartamentos amueblados y gestionados profesionalmente para viajeros de negocios, incluyendo a aquellos que se están reubicando y necesitan una estancia prolongada. Los viajeros de negocios constituyen un segmento muy valioso en esta industria y optan cada vez más por viviendas administradas con estándares mucho más exigentes que los de una simple vivienda vacacional, sin tanta relación con los anfitriones locales y el ambiente del vecindario.

El reportaje de Times se muestra crítico con esta tendencia que derriba la leyenda — creada quizá por filántropos o acólitos del buenismo— de una plataforma con vocación ONG por favorecer a los propietarios de viviendas que buscan un ingreso complementario para pagar el alquiler o la hipoteca en que se han metido. Incluso acusa a algunas compañías de gestión profesionalizada de alquileres turísticos por firmar sus anuncios en Airbnb con el nombre de un anfitrión personal, en lugar de destacar su denominación comercial. Este diario afirma que descubrió una serie de casos de personas que figuraban en la lista como anfitriones cuando en realidad firmas comerciales como Onefinestay estaban detrás de las reservas.

Es de suponer que a los autores del artículo no les gusta nada que las empresas se den a conocer y funcionen como si fueran personas físicas. Que algunas consultoras globales lleven el nombre de Ernst & Young, algunos fabricantes de automóviles el de Ford o algunos confeccionadores de moda el de Yves Saint-Laurent les deberá parecer engañoso. Todos sabemos que detrás de estas firmas no están —porque fallecieron hace tiempo— Alwin C. Ernst, Arthur Young, Henry Ford ni YSL en persona. Pero sus nombres expresan a través de los miles de trabajadores el factor humano existente en ellas.

Quizá el Times londinense se haya sorprendido del rumbo que Airbnb, los gestores de alquileres turísticos y los establecimientos hoteleros que operan ya dentro de la plataforma están tomando hacia la multimodalidad. Es sabido que llevo años prediciendo ese horizonte de límites difusos entre los hoteles y las viviendas turísticas, donde la hibridación de los modelos de gestión terminará configurando un ecosistema multimodal donde, por encima de las instalaciones y servicios (lo tangible), la industria del turismo será definida por las experiencias (lo intangible). Las últimas iniciativas de cadenas hoteleras tan relevantes como Marriott o Accor apuntan a ese modelo de negocio digital. Los alojamientos del futuro serán necesariamente multimodales.


En las redes sociales:

El coste medio de las transacciones bancarias internacionales es actualmente del 6,84%. En los próximos años este coste se reducirá gracias al Blockchain. Una rebaja de solo 5 puntos permitiría un ahorro de 16.000 millones de USD.

https://remittanceprices.worldbank.org/en

#revolucionBlockchain

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El metro y los autobuses de Nueva York registran una disminución de su uso por parte de la ciudadanía, que ha encontrado en Uber y Lyft unos servicios de transporte mejores y más baratos, sobre todo cuando se anuncia una subida del 4% en los servicios públicos.
#EconomiaColaborativa

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125 de las 500 mayores compañías del mundo implementarán sistemas de inteligencia artificial en sus negocios a lo largo del próximo año, señala la consultora Forrester. Detección de objetos, procesamiento de lenguaje natural y visión 3D serán los nuevos desafíos tecnológicos de la industria turística.
#InteligenciaArtificial

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La denominada ‘titulitis’ es un mal endémico en España. No, desde luego, como expresión de un deseo por saber mucho y estar bien dotado intelectualmente para afrontar las tareas políticas y sociales. La titulitis representa una cúspide en la jerarquía de la influencia que nos remonta a tiempos pretéritos en que los blasones nobiliarios y la hidalguía revelaban la buena posición social del ciudadano. Un título era, si es que no lo sigue siendo en la actualidad, el capital social que otorgaba el acceso a los centros de poder políticos o económicos. Sin este bruñida distinción había que ser torero o futbolista de éxito para entrar a formar parte de la élite a la que todos sueñan con pertenecer, aunque lo escondan en público

http://www.horecaspeakers.com/nueve-temas-de-interes-para-horeca-en-septiembre-horeca-speakers/

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Ingeniero de Blockchain es una de las profesiones más demandadas hoy por estas 30 compañías internacionales.
#revolucionBlockchain


Tema de debate:

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El muro de la turismofobia

Sentimiento sin ciencia. Quienes lo albergan reniegan de ese espacio ocupado hoy por el otro cuando ayer solo lo disfrutaba él. Manifiestan que su habitat es el mejor del mundo, pero viven la contradicción de que otros que también lo aprecian y pagan por visitarlo se instalen en él durante unos días. Admiten que unos pocos turistas —especialmente los más adinerados— se hospeden en el entorno, al igual que aceptan que unos pocos inmigrantes se instalen junto a ellos —especialmente los mejor formados y autosostenibles—. 


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