Booking y Airbnb sustituirán a Thomas Cook

| El legendario turoperador británico mantuvo inmóvil su negocio con unas pérdidas antes de impuestos de 1.646 millones de euros y una deuda de 1.410 millones de euros |

Ciertamente, la quiebra de Thomas Cook ha suscitado revuelo y preocupación en todos los ámbitos de la industria turística. Más allá de sus efectos inmediatos sobre más de 600.000 turistas que se han quedado sin agencia que gestione sus viajes, las causas que han provocado este crack se remontan a varios años atrás, cuando el turoperador británico no quiso o no pudo darse cuenta de que la transformación digital iba a alterar la distribución de los productos turísticos, provocar numerosos cambios en los hábitos personales de viaje y dar un vuelco de 180 grados a su modelo de negocio tradicional.

Adiós a los cupos de habitaciones y bienvenidas las reservas bajo demanda, repetimos desde hace más de una década en distintos foros turísticos. Adiós a la intermediación transaccional y bienvenida la intermediación tecnológica, explicamos en los seminarios que venimos organizando desde hace 15 años por toda la geografía española y americana. Adiós a la dictadura de los paquetes y bienvenidos al empoderamiento del turista, al mercado libre de los productos turísticos y a los viajes hiperpersonalizados.

Sensible a estos cambios, la periodista navarra afincada en Canarias Ainhoa Reguera Plaza reaccionó de inmediato a la incertidumbre causada por el asunto Thomas Cook llamándome por teléfono y publicando esta entrevista que deslizo a continuación en la que intento quitar hierro a una quiebra tildada por muchos como catastrófica y apuntando el paliativo a crisis como esta que nos ocupa. La entrevista ha sido publicada en el diario La Provincia, de Las Palmas, este 26 de septiembre de 2019, bajo el titular: “El Gobierno canario castiga al modelo turístico que puede sacarle de la recesión”.

La crisis de Thomas Cook, que muchos expertos ya preveían, se está viviendo como una auténtica hecatombe en el sector turístico, especialmente en Canarias y Baleares.

Yo no lo veo como algo devastador. Concedo la posibilidad de que alguien esté preocupado, pero no es una catástrofe. Hay una alerta demasiado exagerada por las consecuencias que tendrá esta quiebra a corto plazo, es decir, por el dinero que se perderá por los impagos. Esto obviamente tiene una repercusión pero es mucho menor de lo que se piensa. Después de la fuerte y paulatina caída en Bolsa que había sufrido este turoperador, casi la totalidad de los contratantes se habían cubierto las espaldas razonablemente, pidiendo garantías o prepagos, de tal manera que el daño no es tan estruendoso como se está diciendo.

¿No era tan influyente entonces el papel de Thomas Cook?

Su desaparición es una triste noticia y nos duele, aunque muchos lo lleváramos anunciando desde hace tiempo. Pero la distribución turística ya está casi toda en manos de compañías tecnológicas y la que no lo sea va a tener un futuro muy comprometido. Thomas Cook fue la primera agencia de viajes de la historia, es como si se cayera una bandera, pero tiene una connotación más legendaria que real porque había perdido gran parte de su fuelle y hoy no contaba ya como uno de los grandes actores globales del turismo.

Sin embargo, sólo en Canarias su desaparición pone en riesgo 15.000 puestos de trabajo, el 6% del PIB del Archipiélago y casi 750.000 plazas aéreas.

En un sector estable como el turístico, que además está en crecimiento, la quiebra de una empresa es una oportunidad para otra. Ese mercado está ahí y no se va a perder. Lo más triste para mí es que hay empresarios que no consiguen adaptarse a los cambios vertiginosos que estamos viviendo. Cuando hemos ido a las Islas a hablar de la sustitución robótica, de la automatización del empleo, parece que es ciencia ficción y no lo es. Se está produciendo tecnología de manera acelerada que va a sustituir muchísimos puestos de trabajo y las compañías que no se adapten a esta nueva realidad digital van a tener que quebrar. Hay empresas canarias que siguen apostando por la vía analógica en un mundo cada vez más digital y, aunque no quiero que desaparezcan, tampoco deben ser un obstáculo para otras más dinámicas, jóvenes y eficientes que merecen tener la consideración de toda la comunidad turística.

Una de las críticas que vuelve a aflorar con más fuerza se centra en la excesiva dependencia que tiene el modelo turístico canario de la turoperación tradicional.

Se trata de un círculo vicioso, en el que ni los empresarios tiran del carro, ni tampoco las administraciones. Hablamos de una política muy perversa, que no sólo se da en Canarias: la de pensar que en un mundo cada vez más digital y mejor informado lo que hace falta desde el punto de vista institucional es la promoción. Gran parte del presupuesto invertido en promoción turística está perdido y es un dinero de todos, que sale de nuestros bolsillos, pero que se pierde porque hoy en día esa labor la hace el propio turista. Han cambiado tanto el modelo de negocio como el modelo social, así como los hábitos de los viajeros. Cuando entra un gobierno nuevo parece que hay que hacer un nuevo plan de marketing, pero lo que realmente hay que hacer es promocionar lo que sea menester conforme a la estrategia de desarrollo de las infraestructuras públicas, tanto para satisfacción de los visitantes como de los residentes. Invertir en promoción es una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero público.

En este ámbito, ¿echa en falta una renovación de la estrategia turística de Canarias?

No creo que las instituciones públicas ni los empresarios de las Islas sean los patitos feos del sector, ni mucho menos. Canarias es un líder turístico mundial, que recibe unos 15 millones de visitantes al año, lo que supera a la gran mayoría de los países. No es que sea un buen lugar para hacer turismo, es que la prosperidad que le ha aportado esta industria es la que desearía la inmensa mayoría de estos países. Un hecho que no se produce exclusivamente por el clima, ni por sus playas, ni por su situación geográfica, aunque todos estos factores ayuden. Hay que conceder un porcentaje de este mérito a las buenas políticas públicas y, mucho más importante, a la audacia de los empresarios, que han apostado por un turismo sostenido a lo largo de los años y que, unos mejor que otros, se van adaptando a una nueva realidad digital y global. Canarias está en una situación inmejorable y no debe preocuparse tanto por Thomas Cook.

Para no perder este liderazgo mundial, ¿qué aspectos debe mejorar el Archipiélago?

Su reto es la transformación digital, que cogerá a los más rezagados y los hundirá. Pero el conjunto del turismo canario se salvará de la quiebra del mundo analógico a favor de un mundo tecnológico que es, sin duda, más inclusivo, más global y que ofrece más oportunidades para todo el mundo. Canarias tiene que coger por los cuernos este universo febril de aceleración tecnológica, tanto de manera pública como privada. La Administración debe olvidarse de promocionar y debe formar mejor a los trabajadores y a los empresarios para que aceleren sus planes de digitalización. Es lo que tiene que hacer el Gobierno canario: no apostar por planes de promoción, sino quitar obstáculos y favorecer que las personas trabajen mejor, con más conocimiento, que las compañías se desarrollen con más tecnología y con más eficiencia en su organización.

Los políticos y empresarios de las Islas tendrán que renovar este modelo turístico en pleno periodo recesivo.

He visto a Canarias desbordada de júbilo porque hace cuatro años no había plazas que vender, estaba todo comprado con un año de antelación. Sin embargo, esa alegría se ha ido matizando conforme llegaban las noticias del brexit, que no desanima al turista pero sí preocupa al empresariado. Canarias se ha visto este año mermada por un descenso en el flujo turístico británico y, sobre todo, alemán que indica que el mundo se encamina a una nueva recesión. Por lo tanto, es bueno que se produzca este estado emocional de preocupación porque si vamos abocados a una nueva recesión, tanto el sector público como el privado tienen que dulcificar los efectos y evitar hundirse en el barro.

¿Se convertirá esta crisis en una oportunidad para la transformación del sector?

Desde el punto de vista privado, con empresarios que tienen los bolsillos llenos de tantos años de éxito, que ahora mismo haya un periodo recesivo es muy bueno porque eso significa que tendrán que ajustar muchos aspectos de sus negocios y buscar un modelo de eficiencia que no tenían hasta ahora, profundizando en la política de costes y en la transformación digital. Desde luego, hay que reflexionar sobre cómo se va a desarrollar el turismo en la próxima década. El empresariado del sector en Canarias tiene que reaccionar, no se puede seguir vendiendo a través de cupos porque la turoperación tradicional se cae, quiebra. Tendremos que contar con los nuevos intermediarios como Booking y Airbnb.

¿Es el alquiler vacacional el turismo del futuro?

Actualmente, el número de turismo extrahotelero es mayor que el hotelero y, desde luego, turoperadores como Thomas Cook sólo comercializan con hoteles, por lo que el sector de la vivienda turística es indemne a esta caída del modelo tradicional. Hay que alentar la vivienda turística porque está funcionando y se distribuye por unos canales que no son los de la turoperación tradicional. Cuando el Gobierno de Canarias elabora una normativa, que es rechazada por los tribunales de justicia, en la que castiga el desarrollo de la vivienda turística, lo que tiene que ver es que este modelo ofrece una salida para millones de turistas y para los intermediarios digitales que desarrollan un sistema de distribución nuevo. Hay que alentar la vivienda turística porque es una manera de contribuir a una pronta salida de este periodo recesivo. A día de hoy, Airbnb es un colchón para Canarias, por lo que el Gobierno autonómico ha tirado piedras contra su propio tejado. Se trata de un error político que espero que sea enmendado.

[Confieso que realicé toda la entrevista recordando algunos de los debates mantenidos, años atrás, con el presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV), Rafael Gallego Nadal, que ha defendido siempre con vehemencia la buena salud de la distribución tradicional, aunque tampoco ha ocultado su convicción de que la era digital ha comenzado ya para la industria turística en su conjunto].

Fernando Gallardo |


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