Pasajeros sin vergüenza

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Mucho se ha especulado en esta primeriza era digital sobre el derecho a la privacidad en los espacios públicos. La inmediatez con que desde un dispositivo móvil se obtiene una fotografía y se viraliza en sitios como Facebook, Twitter o Instagram es inédita y todavía escasamente calibrada por la ciudadanía, aún poco acostumbrada a que sus imágenes puedan estar disponibles para todo el mundo. Recordemos que no hace mucho un grupo de legisladores de Estados Unidos cursaron una misiva a Google preocupados por cómo podría afectar sus Google Glass a la sociedad si los viandantes se dedicaban a explotar las imágenes de otros viandantes. Algunos bares, restaurantes y casinos prohibieron, por si acaso, su uso.

Por supuesto que unas gafas inteligentes o un dispositivo móvil delata a quien los activa en la calle. Pero, ¿qué sucederá cuando una parte de estos ciudadanos se implanten ojos biónicos, indistinguibles de los naturales? La tecnología digital facilita que todos seamos fotógrafos o camarógrafos, lo cual modifica sustancialmente nuestro derecho a la privacidad. Y, sobre todo, la percepción que tienen algunas personas sobre este derecho en función de su acervo cultural.

El derecho a la intimidad en el sistema jurídico occidental es el que asiste a cada ciudadano en la protección de sus pensamientos, sentimientos y emociones. Esto es, aquello que no puede ser percibido por los sentidos y otorga libertad al emisor el decidir sobre lo que desea mostrar y lo que no. El Estado puede inmiscuirse, naturalmente, pero solo bajo enfoque garantista y con la debida excepcionalidad (que es lo que esgrimen los servicios de espionaje).

A fin de discernir qué es lícito y qué respecto al concepto de privacidad, el neurólogo Carlos Castilla del Pino puntualizaba lo siguiente:

Toda persona tiene tres tipos de actuaciones: públicas, privadas e íntimas. La distinción entre unas y otras no siempre es fácil, y por tal motivo con frecuencia se traspasan, por parte de los demás, de buena o de mala fe, los límites que separan cada una de ellas entre sí. Se puede afirmar que lo único que de cada cual pertenece a los demás son nuestras actuaciones públicas, porque son hechas en público y para el, público: son, pues, tanto nuestras como de él, ya que él es el objeto de la relación. Las actuaciones privadas e íntimas nos pertenecen; quienquiera que se arrogue penetrar en ellas sin permiso allana nuestra morada, atropella y, si estamos en un estado de derecho, incluso puede que delinca.

Estos tres ámbitos son, por tanto, perfectamente diferenciables.

Las actuaciones, pues, son públicas, privadas o íntimas no en sí mismas, sino según el espacio en que se desenvuelven. Hay actuaciones que, al parecer, son necesariamente públicas —dar una conferencia, por ejemplo—, pero eso es el segmento último de un proceso que ha de incluir también la preparación, e incluso hasta quizá un ensayo con un público imaginario, que son actuaciones privadas. A la inversa, odiar es una actuación íntima siempre y cuando se mantenga en el espacio íntimo en el que se actúa sintiendo, fantaseando, etcétera, pero no si se prosigue en el espacio público en el que se puede hablar del odio experimentado o se puede actuar contra el sujeto odiado. De lo que se trata, pues, es de la opción del espacio para la actuación.

Para Castilla es relativamente fácil determinar cuándo se transgrede la privacidad de los demás a la hora de trasponer en un espacio la referencia a una actuación que se ha representado en otro.

Lo que se denomina indiscreción es el uso público que en ocasiones se hace de lo privado e incluso de lo íntimo, a lo cual el sujeto de la privacidad o de la intimidad tiene perfecto derecho; pero en ese caso, y en la medida en que es el protagonista de la actuación el que de terminó el espacio público en que había de representarse, ha de saber a qué atenerse, que es sencillamente esto: que cualquiera de fuera de él puede hacer uso de la indiscreción que él mismo cometió consigo mismo.

Las actuaciones públicas son necesariamente observables a través de los sentidos, ya sean los visibles, los audibles o los táctiles. Las privadas, si acaso, podrían serlo a poco que haya una falta de cautela por parte del actor. Mientras que las íntimas no pueden observarse, y sólo se las puede inferir sin su actuación, ya sea a través de la fuerza, del engaño o de su manipulación por parte de terceros.

Todo sujeto, en efecto, en tanto entidad social, es sujeto público, que imparte clase, da conferencias, actúa en el teatro, pasa consulta, mira escaparates y gente, contrae matrimonio en juzgados o iglesias, pasea por un parque, etcétera. Cualquiera de estas actuaciones puede ser objeto de crónica, y bastaría ser persona interesante para que lo fuera en realidad. Nadie que entre en una iglesia o en una casa de prostitución, incluso aquellas que se llamaban de tapadillo, puede legítimamente impedir que se diga, se escriba o se filme.

El espacio privado lo define el propio sujeto y se caracteriza por su observabilidad, ya que mucho de lo que hacemos público podemos hacerlo privado; para ello basta que lo dispongamos. Si una pareja hace el amor en un parque: ¿cabría la posibilidad de que ambos figurantes protestasen por verse convertidos en espectáculo?

No cabe, por principio, transgresión alguna sobre las actuaciones públicas de nadie, porque son, por derecho, de todos. La transgresión de la vida privada consiste, naturalmente, en que alguien la hace pública, pese a haber dado el protagonista de la actuación sobradas marcas de la privacidad de la misma.

Este tipo de allanamiento de la intimidad no está incluido en el Código Penal. Ni debe estarlo, porque sería complicar más aún nuestra vida social. Pero eludirlo constituye una norma, es decir, una pauta que figura en el código implícito de las buenas maneras.

Con la intención de afirmar estas ‘buenas maneras’ de las que hablaba Castilla del Pino, una ex azafata de vuelo ha creado en Instagram un perfil que expone a la luz pública los comportamientos más asquerosos e inexplicables de los pasajeros. Passenger Shaming, que así se llama esta cuenta con casi un millón de seguidores, pretende llamar la atención poniendo en vergüenza a las personas que nadie quiere como vecinas de asiento cuando uno vuela: los ruidosos en sus conversaciones, los que eructan llamativamente, los acostumbrados a liberar sus gases pensando que viajan solos, los despabilados que se hacen la pedicura sobre la bandeja de la comida, los incapaces de contener los aullidos de sus bebés y, aunque se les consideren campeones, aquellos que mantienen relaciones sexuales en los baños pese a la cola de pasajeros que se forma en la puerta con otras urgencias.

Algunas veces hemos aludido a ese ecosistema de reputación social que estamos creando los usuarios de Internet y la tecnología Blockchain. Una red de personas expuestas al escrutinio público digital, que es el nuevo espacio público de todos en el que habrá que cuidar mucho aquello que decimos y cómo lo hacemos para evitar ser humillados y valorados negativamente.

Como seguramente lo merece ese energúmeno de la imagen que orina sin tapujos sobre el revistero del avión.


En las redes sociales:

Si acumuláramos la experiencia en la toma de decisiones de todos los directivos hoteleros obtendríamos el mayor tanque #BigData de España. Éste es el germen influyente del #ThinkTankAEDH

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¿Y si hubiera existido un anti universo antes del Big Bang? Un universo en concentración que en su punto final produjera esa gran explosión que ha originado nuestro actual universo en expansión. Tres astrofísicos canadienses elaboran esta hermosa teoría. https://journals.aps.org/prl/pdf/10.1103/PhysRevLett.121.251301

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Si el 43% de los empleos hoy existentes va a ser automatizado en las próximas dos décadas, los sindicatos perderán consiguientemente la mitad de su fuerza.

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Mientras el 72% de los trabajadores piensa que la inteligencia artificial va a modificar las condiciones del empleo y la estrategia de recursos humanos en la empresas de la próxima década, solo el 31% se siente preparado para abordarla en su empresa (Deloitte).
↳  #TurismoFuturo: https://www.linkedin.com/feed/update/urn:li:activity:6448135257320357888
#NuevasProfesionesTuristicas#FuturoLaboral

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La cadena andaluza Fuerte Hoteles sigue laureada. http://blog.fuertehoteles.com/fr/salle-de-presse/fuerte-hoteles-recompenses-internationales/
#marbella #conil #grazalema #elrompido #nerja


Tema de debate:

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Ancianos digitales en edad de trabajar

El número de personas de más 60 años aumentará en 2050 de los 600 millones actuales a casi 2.000 millones, un incremento que será mayor y más rápido en los países en desarrollo, donde se prevé que la población anciana se multiplique por cuatro en los próximos 50 años.


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